Croqueta Almussafes

Croqueta Almussafes

La cocina es lo que tus antepasados quisieron que fuera y, por esa regla de tres, en el futuro será lo que tú quieras que sea. Continuamente andamos probando, mezclando, innovando, macerando, escribiendo líneas de sabores en formatos desconocidos. La croqueta Almussafes o croquetón Almussafes (así se llama en nuestra carta) es un buen ejemplo de lo que venimos a contar en este post.

Victoria y yo somos oficialmente las inventoras de la croqueta almussafes. Sí, ya sabemos que hasta que emoji no nos conceda un emoticono, no alcanzaremos la gloria, pero ya hemos alcanzado un montón de paladares y conquistado papilas en nuestra cruzada gastronómica con bandera Sweet Victoria.

Como dice nuestro compañero de profesión Paco a la Naranja en su artículo Bocadillos con DNI, publicado en El Mundo, “los valencianos espoleados por el espíritu del inventor del sandwich, hemos puesto nombre a los bocadillos. Nos adelantamos a la cocina de autor. De la mayoría no se conoce paternidad directa del creador, pero como buenos hijos de su madre, enseguida fueron reconocidos por el conjunto de la sociedad”. Pues ahora es el turno de las croquetas.

El caso es que el bocadillo almussafes ha estado muy presente en nuestra infancia. Mi abuelo, el señor Candela, lo tomaba casi cada noche después de cenar (sí, lo he escrito bien, después de cenar). Pero a nosotras lo que nos gustan son las croquetas, somos una generación troleada por los eventos, las fiestas, los encuentros fugaces y los aquí te pillo, aquí te mato. El bocata nos lo comemos en casa, cuando en la nevera no hay nada más que una loncha de algo. Así que nos dijimos… “Si hay un bocata puede haber una croqueta”.

Nos decidimos por la marineta y la cebolla caramelizada (el queso lo obviamos para no hacer de la croqueta una bomba). A veces nos creemos tan refinadas que pensamos que un zumito puede sustituir a una birra, pero todos sabemos que no es así. El sabor era realmente bueno pero pecaba de dulce, la textura… un torrente de sobrasada líquida. La verdad es que tenía su aquel, pero debo de decir que hubo amantes y detractores a partes iguales en la primera receta.

Una noche de primavera las Ruiz, que son de buen paladar, nos dijeron después de descubrir nuestro croquetón “¿Pero que marineta ni qué niño muerto? Aquí hay que echarle carácter y empaque, así que para la siguiente elaboración, sobrasada mallorquina” (refiriéndose a la de tripa, la de toda la vida). Y así fue cómo bordamos la croqueta Almussafes.

Le he dicho a Victoria que deberíamos hacer un zapato myblüchers almussafes. Me ha mirado con cara condescendiente, a veces me mira así.

Sweet.

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