Valencia, años 50

Valencia, años 50

Una tenue luz se filtra en todas las fotografías. Es la Valencia en blanco y negro. La Valencia desaparecida, que en Sweet Victoria traemos a la memoria, en la que aún circulaba el ‘último trolebús’ y había serenos oyendo el parte antes de salir en ronda nocturna de vigilancia.

Hoy mis bisabuelos, Victoria y Porfirio, verían el mismo despacho de carne que un día dispusieron en la plaza de Santa Catalina, en distinto emplazamiento, como si el tiempo no hubiera transcurrido…

Y es que Sweet Victoria está montado con teatralidad, como ese despacho de productos cárnicos de mi familia, o como la cocina de nuestra infancia, con toda la frescura de los productos del mercado, en una reivindicación clara de las recetas de toda la vida y del huerto de siempre.

Lo llamativo es que puedes recorrer nuestra carta como se recorre nuestra vida, puedes ir de parte a parte, de viaje en viaje, de nuestros referentes a nuestra niñez a través de las recetas de nuestras madres, con una cocina integrada en el espacio que abastece al restaurante.

No es un rincón del gourmet elevado a las alturas gastronómicas. Es sencillamente la cocina de nuestras raíces. La comida es sobre todo saludable, pero atiende a espíritus y cuerpos vegetarianos, veganos, con intolerancias alimentarias y a otras minorías. Para comer a hora o a deshora, ya que también incluye desayunos y brunch muy del gusto ‘vintage’: sándwiches, bagels, licuados y cakes. Cakes que saben a cakes.

El ambiente, de inspiración es decadente, con el obrador, guardapán, botellero y alacena a la vista, combina materiales nobles como maderas cálidas, azulejos subway (esa baldosa cerámica rectangular, biselada y con brillo, que hace unos años saltó del subterráneo metro neoyorquino), antiguas persianas enrollables de madera, enrejados y celosías originales, vigas de cemento y bovedillas de hormigón, con una terminación de enyesado y rosetones, desde donde hemos dispuesto de manera cuidada los distintos elementos decorativos empleados.

En el suelo hay madera, baldosa hexagonal y ladrillo a la vista en las paredes; bancadas de mármol, iluminación regulable, sillas tapizadas estilo ‘diner americano’, vajillas de loza inglesa, cazos antiguos de cobre y latón, suspendidos en ganchos del antiguo despacho de carne, cuchillos carniceros y muebles vintage.

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Nuestra barra

La barra se ha construido a partir de dos elementos independientes: un banco de trabajo industrial con sobre de mármol, que hemos vaciado por dentro y revestido con sus propias cajoneras y puertas de una antigua cámara lechera, con cerrojos y tiradores de hojalata. La barra está flanqueada por unas estructuras de hierro de las que cuelgan utensilios de cocina de hierro y latón tales como sartenes, cazos, peroles y ganchos de distinta procedencia.

La iluminación combina lámparas colgantes de estilo industrial, apliques jieldé de latón y lámparas de techo tipo jaula, con focos dorados, todas con bombillas decorativas de filamento de carbono, que aúnan pasado y tendencia para crear un ambiente cálido y agradable.

En la fachada, una placa de hierro oxidado por reacción y cortada a láser con las letras de la marca preside la entrada al restaurante.

Todo el interiorismo se completa con elementos de decoración antiguos tales como una báscula de mediados del siglo XX, carritos auxiliares de estilo industrial, jarrones cerámicos, mucho latón, botellas antiguas de cristal soplado, una alacena del 52, una cabeza de toro, una campana de barco de latón, cajas de hojalata y calderos, placas ferroviarias de hierro fundido, poleas de barco, etc.

Este espacio es, sin duda, como una foto del recuerdo. Un icono de la Valencia a oscuras, como si se hubiera vuelto a colar en la memoria esa tenue luz de las fotografías. Es un homenaje a nuestras abuelas. Pero sobre todo, es un sitio para disfrutar de la vida lenta.

Bienvenidos.

V.

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